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También el Capitán Trueno tuvo una enamorada. Se llamaba Sigrid, la conoció en una de sus primeras aventuras _ la segunda_ y su relación con ella se prolongó sin variación extensible hasta el final de la saga. Lo que ocurrió con ellos es que el Capitán Trueno y Sigrid en ningún momento se comportaron como las eternas parejas de los comics españoles anteriores, embebidas en un amor romántico, solemne y trascendente. Sigrid y Trueno humanizaron un tanto su amor_ sin perder por ello la naturaleza de héroes_, le privaron de toda solemnidad y no le otorgaron mayor importancia de la que realmente tenía.
El Capitán Trueno conoció a Sigrid como hija de Ragnar, el hercúleo pirata vikingo al que hubo de enfrentarse en titánica lucha. Fue hecha prisiones por el Capitán y sus amigos y ella, el principio, quiso vengarse. Lo cierto sin embargo es que hubo de permanecer un tiempo con el héroe que la acompañó y la salvó de peligros diversos, y al separarse se había prendado del, había simpatizado con Crispín y Goliat y había dejado a un lado su rencor y sus ansiadas venganzas. El Capitán Trueno, todo ingenuidad por lo que al amor se refiere, no se dio cuanta de nada. Sabía solo que el primitivo carácter violento de Sigrid se había suavizado, pero al poco tiempo se sorprendió pensando en ella sin motivo y al fin creyó que tal vez se hubiera enamorado.
Como era de esperar, llegó el reencuentro y entonces la sospecha se convirtió en certeza. Y también con el reencuentro llegó la gran revelación. Resultó que Sigrid no era una vikinga cualquiera. Ella ni siquiera lo sabía, pero era algo más que la intrépida hija de un poderoso pirata. Su padre en realidad se llamaba Thorwald y había sido rey de Thule, el legendario país gobernado no mucho antes por el Príncipe Valiente .

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